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12 de enero de 2010

Ana



Ana despertó. Aturdida, en medio de un sueño. No tenía final ni sentido. Un sueño interrumpido por un amanecer precipitado. La habitación sin persianas que la resguarden, y el sol irrumpiendo con sus primeros rayos. El rostro difuminado de alguien... que conocía... de quién?

-Todos los sueños son confusos, pensó. Por qué tendré que soñar tanto?

Sonó el teléfono, y nadie respondió. Ok, se dijo, me levanto.
Bajó las escaleras, fue a la cocina, se preparó un té. Miró por la ventana que da al jardín, el viento agitaba el paisaje, enfurecido e insolente. Nube de tierra-arena y polvareda. Y las pequeñas flores que buscaban crecer, arrancadas. Otro esfuerzo verde en vano.
El día no prometía mucho, el desgano la perseguía, se reconoció un tanto cansada, y su pensamiento se resistía a dejarse llevar... por ese viento hostil.

-Algo haremos con todo esto...

Sentía angustia, angustia que se mezclaba de repente con sentimientos contradictorios y búsqueda de razones. Y a la vez, trató de tomarlo con calma, después de todo sólo es una semana... La casa vacía de corridas y de risas, los niños durmiendo en otro lugar, la libertad real y absoluta para crear, hacer, pensar. Leer y escribir, bailar y volar. Pero sin ellos, tan acostumbrada estaba... lo que le faltaba a Ana era práctica. O desprenderse. O someterse a este quiebre con la dignidad de un caballero y la entereza de una dama. La teoría estaba...

Es inútil tratar de pensar cuando la mente divaga entre deseos y conciencia. Decidió salir, a pesar del clima, calzarse su música y caminar. Solo caminar. La ciudad no es eterna.

Un pensamiento la llevó a otro, se dejó transportar por la música. Pensó en lo gris que se veía todo por desear hoy otras cosas, pensó en el cómo y el cuándo, pensamientos diarios. Pensó en el cueste lo que cueste, si tanto lo deseaba. Pensó también en que su padre la veía fuerte, y debía ser así, algo la conocía. Pensó en su madre, la extrañaba. Y qué le diría, hoy, su madre? Recogió piedras, dejó huellas, descansó y siguió caminando.

Pensó que la vida es eso, un paso luego de otro paso, que todo pasa por algo, que ese algo es ella, sólo ella, que detestaba sentir pena, aunque sea pasajera, que era preciso tomar decisiones sin presión, y que un día se sucede a otro, y la quietud... la quietud no sirve.

Pensó, como un niño que piensa en hacer una travesura... y si sólo hago lo que me da la gana?

Y dicho esto, el viento le alborotó el cabello y una gaviota le recordó al oído como se volaba... al ras del mar y a contra viento.