Hace unos años que no veía a mi padre por diversos y múltiples desencuentros, más debido a ello que a la distancia en km que nos separa. Hace dos meses viajé a Córdoba para visitarlo, previo reencuentro de palabra y almas y fue un buen momento para mi, para mis hijos, para él. Para todos.
Esta vez, hace unos días, fue él quién recorrió el camino y se apareció de sorpresa por estas tierras. Y, como suele ser típico, además de paseos, playa y reconocimiento del paisaje local, la buena comida nunca puede faltar.
Mariscos! parece que todos gritaran al unísono... y si, qué otra cosa se puede comer aquí fresquisimo y con mayor calidad que en otros lugares? Cordero también, un clásico, pero a nosotros estos bichos marinos, como les decimos, nos pierden muchisimo más. Es decir, nos pierden totalmente.
Creo que nunca he desistido de una invitación a comer picada de mariscos, o cazuela, o lo que sea de ese tipo. Problemas no tenemos, por el momento y por suerte, de ninguna índole.
Así estuvimos estos cuatro días, variando los menús entre paella (palabras mayores, todavía no me animo a hacerla), truchas, langostinos, pulpitos... bueno, alguna que otra comida hemos descansado. Finalmente, para terminar con el Tour gastronómico de turno, me digné a cocinar Rabas (tubos de calamar). Aclaro, si son caseras, con buenos elementos nunca resultan pesadas. Y no es complicado, tan solo se necesita algo de paciencia al limpiarlas, más un poco de dedicación y tiempo si se hace cantidad.
Manjar! Acompañadas de un buen vino, "cosecha tardía" de la bodega N, en este caso y si nos dan a elegir...
Festejo emotivo de un Encuentro y delicias de las que uno no debería privarse.
La foto, como se pudo... me las sacaban de las manos! Y me faltó la de langostinos... será en otra ocasión.











